El más que preocupante caso de las 100.000 vacas chinas

S. McCoy 30/04/2012  06:00h

Una de las noticias más curiosas de la semana, idónea para comentar un lunes de puente como éste, hace referencia a  la intensiva importación de terneras vivas por parte de China. Hasta 100.000 este año de procedencia uruguaya, australiana o neozelandesa. Un hecho, por lo demás, recurrente: desde 2009, hasta un cuarto de millón han desembarcado en sus costas (WSJChina buids dairy farms with a global cattle drive, 23-04-2012).

¿A qué es debido este fenómeno? En 2008 la presión en márgenes provocó que muchos granjeros chinos aguaran la leche y, para suplir la merma proteínica que esto suponía, le añadieran unas dosis excesivas de melanina que provocaron la muerte de hasta seis niños. El escándalo, una vez descubierto, devastó la industria en un momento de demanda creciente de lácteos por parte de la población.

En el país de nunca jamás de la oficialidad local, el aprovisionamiento de este líquido pasaba a ser una prioridad.

La compra tanto de vacas foráneas, el doble de productivas que las locales, como del mejor semen de toro son solo parte de un programa que cuenta con incentivos fiscales y subsidios a la producción y la inversión tecnológica. El talento extranjero es bienvenido, en un fenómeno similar al que llevó a muchos españoles a América a mediados del siglo XX. Tomen nota, posibles interesados.

Alguien podría pensar que se trata de una cuestión de menor importancia pero no lo es, ni mucho menos. Como cada cosa que ocurre en el gigante asiático tiene enorme trascendencia tanto dentro como fuera de sus fronteras. Consecuencia, ya saben, de la ley de los grandes números en la que se encuadra cualquier iniciativa del país.

Por una parte se encuentra el impacto en el mercado mundial de materias primas agrícolas o ganaderas donde se puede repetir el fenómeno de lo que ha ocurrido en las mineras. Así, la demanda de pasto ha provocado que el precio de la alfalfa se doble en el último año en Estados Unidos. Ocurre lo mismo con el coste de los terneros que ha crecido exponencialmente en los tres únicos países autorizados a exportar a China que hemos mencionado al inicio de este post. Los desequilibrios en los mercados de origen se empiezan a sentir.

El proceso, además, puede no haber hecho más que comenzar toda vez que los chinos apenas sí consumen 9,5 litros de leche por habitante y año frente a los 78 de Estados Unidos o los 30 de Japón. Cualquier alteración al alza de esta proporción, sobre 1.300 millones de habitantes, tendrá importantes efectos sobre el aprovisionamiento tanto de hierba como de animales vivos.

Pero existe otro elemento esencial, al que no hace referencia el artículo del WSJ que inspira esta entrada de Valor Añadido.

El mayor problema al que se enfrenta la China del siglo XXI es la falta de recursos hídricos. No hay agua. Y la dinámica interna –urbanismo desaforado y cambios nutricionales de su población- va encaminada no a suavizar sino a acrecentar, y de qué manera, el problema. Un bien imprescindible pero escaso que puede escasear más aún. Con todo lo que eso implica (The Economist,Water Shortages: Ms Fang parched patch, 14-04-2012). 

Yendo al tema que nos ocupa, la apuesta por una producción láctea intensiva requiere de suministro abundante del líquido elemento. Un factor de distorsión adicional al precario equilibrio entre disponibilidad y necesidad. El aumento sustancial de las granjas y las cabezas de ganado por instalación puede hacer más acuciante aún el problema.

Preocupante.

¿Por qué? El agua no deja de ser un recurso territorial, ligado al suelo donde mana y, menos, por donde transcurre. Su falta solo se puede suplir yendo a la fuente original. Y eso implica, sin duda, expansión geográfica. Son muchos los estrategas políticos que anticipan que el siguiente gran conflicto será a causa de ella. Para China será, literalmente, vital si sigue por la senda actual. Veremos lo que tarda en dar el primer paso. O no.

Buena semana a todos.