Ajuste de cuentas para acabar con la bancarrota sanitaria

El ahorro farmacéutico y los cambios en la gestión de los hospitales pueden resucitar el sistema

 

8 Abril 12 - - Sergio Alonso

Renovarse o morir. El sistema sanitario que han conocido hasta ahora los españoles es insostenible, y urge renovarlo de arriba a abajo y racionalizarlo. Lo dicen los expertos en Economía de la Salud desde hace meses. Lo reivindican los profesionales del sector. Lo comprenden también las principales empresas que trabajan en él. Lo sostienen, aunque aún con la boca pequeña, los políticos y los gestores que llevan sus riendas. Y lo corroboran las cifras. A finales de 2011, las administraciones autonómicas de todo el país adeudaban a los proveedores de la Sanidad española la escandalosa cifra de 16.032, 3 millones de euros. Dicha así, puede tal vez que la cuantía no evoque nada. De hecho, parece más un número frío y aséptico que otra cosa. Pero es muy elevada. Disparatada. Representa, por ejemplo, casi la mitad del severo ajuste que va a tener que afrontar en 2012 el país para reducir el objetivo de déficit al nivel que exige Bruselas. La deuda sanitaria representa también el presupuesto global para atender todas las necesidades de los ciudadanos que han diseñado este año comunidades como la valenciana (14.987,74 millones) y la riojana (1.260,5 millones).
Y equivale asimismo al dinero que tiene el Estado para pagar las prestaciones por desempleo a todos los parados durante un período cercano a los siete meses.
 
Pero es algo más. La cifra constituye una auténtica losa para el sector, incapaz de desarrollar su actividad cotidiana por falta de liquidez. Y también para las arcas públicas, que sufren en sus carnes el disparado tipo de interés con el que han de costear sus impagos. Y lo es asimismo para los presupuestos autonómicos, a punto de reventar, pues la Sanidad absorbe casi un tercio de sus cuentas anuales. 56.295,25 millones, de los 172.974 millones existentes para todo tipo de partidas.

La luz al final de este negro túnel, la primera herramienta para desactivar esta bomba de relojería tiene nombre y apellidos: el plan de pronto pago a los proveedores. Su importancia puede resultar extrema. El pasado 31 de diciembre, siete comunidades pagan con un retraso superior a los 600 días a los fabricantes de tecnología y de productos tan dispares como gasas que nutren a los hospitales. Una de ellas, Valencia, les abonaba las facturas con una demora media de 841 días, según los datos de la patronal Fenin. A los laboratorios les sucedía otro tanto. Valencia, Baleares, Castilla y León y Cantabria tardaban más de 800 días en pagar los fármacos. En este panorama, la agilización del crédito a los proveedores implica de alguna forma poner el contador a cero. Una base sobre la que empezar a cimentar la tan cacareada y nunca ejecutada reforma sanitaria.

La grave situación económica puede conseguir ahora lo que no lograron los intentos anteriores para acometerla. Ni la histórica Comisión Abril, ni la subcomisión que promovió José Manuel Romay en el Congreso, ni el pseudopacto que trataron de fraguar Bernat Soria y Trinidad Jiménez en el Congreso dieron fruto alguno. El turno les llega ahora a Ana Mato y a los consejeros de Salud autonómicos, principales sufridores del agujero legado en muchos casos por sus antecesores. ¿Qué fórmulas están sobre la mesa para convertir en sostenible el sistema sanitario? De momento, son etéreas, pero expertos y altos cargos apuntan en varios sentidos: en primer lugar, la implantación de medidas de ahorro para que el gasto en fármacos absorba sólo un 15% del gasto sanitario global. En segundo, retirada progresiva del mercado de fármacos obsoletos cuanto hay alternativas terapéuticas mejores en el mercado. En tercero, cambios en la gestión de los centros y extensión de las fórmulas privadas en la construcción y el funcionamiento de los centros sanitarios públicos. Y en cuarto, cambios en la actividad interna de los hospitales para hacerlos productivos. Todo, además, aderezado con un viraje para sacar, por ejemplo, a los enfermos crónicos de los centros de agudos. La concreción de estas medidas y de otras muchas deberá aún esperar.