La reforma (laboral) que surgió del ‘lobby’

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Carlos Sánchez.-  12/02/2012

Lo más duro que le puede pasar a un Gobierno o a un país es no entender el mundo que le ha tocado vivir. Grandes imperios han caído por errores estratégicos, tanto por fallos de sus gobernantes como por decisiones equivocadas de sus ciudadanos, incapaces de comprender el momento histórico que pasaba por delante de sus narices. En otros casos, sin embargo, pequeños países fueron capaces de identificar con acierto el curso de la historia, y eso explica sus éxitos nacionales. Este es el caso de Holanda o los países nórdicos, con suficiente perspicacia para conformar un proyecto nacional basado en su idiosincrasia y en sus propias peculiaridades económicas y sociales. Articulando, en paralelo, un proyecto político capaz de imitar lo mejor que tenían a su alrededor.

Esta tensión entre lo de ‘fuera’ y lo de ‘dentro’ es, sin duda, consustancial a la historia de las naciones, pero lo que parece fuera de toda duda es que un país que se limite a copiar lo que viene del extranjero con una visión simplista de la realidad está condenado al fracaso.

Este es, en realidad, el error esencial de la reforma laboral aprobada por el Gobierno, pensada para un país distinto al que se va aplicar, lo que pone en tela de juicio su eficacia. Es curioso que se hable de una "reforma en línea con Europa", como si el continente fuera un territorio homogéneo. ¿O es que Francia, Alemania y Reino Unido tienen el mismo modelo económico e idéntico tejido productivo? Como paradójico es que se diga que es equilibrada, cuando en realidad se trata de instaurar una nueva correlación de fuerzas dentro de la empresa.

El escaparate de la reforma

La reforma, por el contrario, está construida con un solo objetivo: convencer a la Alemania de Merkel de que España es un país serio y cumplidor, y eso puede explicar la insistencia del Gobierno (Rajoy y De Guindos) en dejar claro en el extranjero que se trata de cambios radicales en el mercado de trabajo. De hecho, el presidente del Gobierno debe estar encantado con la respuesta sindical. Lo delata el hecho de haber querido situar de nuevo a las condiciones de despido como núcleo de la enésima reforma laboral.

Los socios comunitarios habrán caído en la cuenta de que se trata de una gran reforma, toda vez que cuenta con la oposición frontal de los sindicatos, lo que en teoría le da el marchamo de calidad. Lo peor que le hubiera podido pasar al Gobierno es que UGT y CCOO hubieran hecho unas críticas tibias al contenido del real decreto, pero eso no ha sido así y Rajoy puede presumir ante Bruselas de que estamos ante la madre de todas las reformas laborales.

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